Nos pasamos la vida esperando.
Esperamos al autobús, al metro; esperamos conseguir un trabajo, un ascenso, que nos toque la lotería, que nos quieran… Esperamos que nos guste la película, el postre; esperamos al verano, esperamos una carta, una llamada, un mensaje…
En lugar de vida deberíamos llamar espera al tiempo que pasamos aquí.
Hoy he esperado en la parada del autobús 18 minutos, ayer esperé 15. En una semana puedo pasarme en ese frío banco verde casi dos horas esperando. ¿Y para qué espero? Para seguir esperando. No viene el bus y ya está. Una vez dentro espero 25 minutos hasta llegar a mi casa y darme un baño.
Como me baño en vez de ducharme, espero a que se llene la bañera. Y todo esto porque espero que al salir del baño ya den mi serie favorita de los jueves (que llevo esperando toda semana). Al fin y al cabo mi baño no deja de ser una espera encubierta.
Piensa en ahora, en este momento ¿qué estás haciendo? No pienses en que chorrada escribiré luego. Disfruta tu momento. Deja de leer durante cuatro minutos y piensa en lo que sientes entonces, no en lo que sentirás después. ¿Complicado?
¿No te has parado nunca a ver la vida desde fuera?
Yo intento hacerlo a menudo.
Hoy iba andando por la calle y he oído como una señora invitaba a otra a tomar un café. La otra reía diciendo ¡pero si es tu cumpleaños! Ahí me he dado la vuelta y he visto como entre carcajadas comentaban el olvido del cumpleaños. Sin darme cuenta he empezado a reír yo también y no he podido evitar felicitar a la cumpleañera.
Constantemente nos sentimos observados, a veces es bonito pararnos a observar.
A todos nos pasan cosas increíbles, sólo tenemos que ser capaces de verlas.
Sólo que hay a quien le faltan ganas para verlas.