viernes 27 de marzo de 2009

Migajas

Cariño, curiosa palabra. Según la situación un ‘cariño’ puede significarlo todo, o por el contrario nada.

Para esa vieja mi cariño era lo máximo a lo que podía aspirar; pero tu cariño para mi no era nada. Sólo una palabra vacía tanto de contenido como de continente. Una c, un a, una r… una sucesión de letras, que juntas o separadas no significan nada.

Después de haber tenido tu amor, tu cariño era sólo una migaja.
Como quien quiere un mar y tiene que conformarse con una bañera, o con un charco en el mejor de los casos.
Nada de nada.

miércoles 14 de enero de 2009

cariño...

Con lo mona que era Ellen y lo poco favorecida que la sacaron en la foto. Pobrecita. Claro que todos perdemos al estar muertos, creo… porque sólo he visto dos muertos en mi vida.

A Ellen la vi en el tanatorio sólo unos segundos. Y después en la foto del periódico, que colgué en la nevera un tiempo. El caso de Amelia era diferente, cuando murió hasta se podría decir que esa pena que sentía por ella escondía un pequeño atisbo de cariño.

Viví en su piso un mes por culpa de esa estúpida pelea. En el centro de atención a la tercera edad me dieron una copia de la llave para que fuese a su casa y presentarme yo misma.

La puerta estaba cerrada con dos vueltas y temí que se partiese la llave porque parecía muy vieja. Abrí la puerta y dios… nunca olvidaré ese olor. La casa estaba limpia pero un olor rancio, como orina, llenaba todo el ambiente. Miré la nevera, nada. La basura tampoco era. Me quedé paralizada, sentía que iba a encontrarme con la vieja muerta en cualquier momento, y entonces alguien abrió la puerta a la vez que el olor se hacía más fuerte. Salí de la cocina y la vi. Vi a Amelia.

Tendría unos ochenta años, el pelo negro como sus uñas y emanaba un olor nauseabundo. Lo que olía en esa casa era ella, y estaba bien viva. Evidentemente la vieja no era consciente de ese hedor, y vagaba por las calles mareando a cualquiera que se le cruzase por el camino.

Un día cogimos juntas el autobús y fue horrible. La gente la miraba con asco, algunos con pena. Y fue entonces cuando sentí cariño por esa anciana apestosa. Me propuse no a cambiar yo también de asiento y permanecer sentada a su lado aunque tuviese que aguantar mi vómito.
Lo curioso es que la gente no sabía que viajábamos juntas y me animaban a cambiar también de sitio.

No sé porque escribo sobre esto, no sé que interés puede tener, pero creo que es importante porque hacía mucho tiempo que no sentía cariño por nada ni nadie.

martes 23 de diciembre de 2008

Amelia

Lo único que heredé de ti fue el buen gusto, para el güisqui claro. Y el güisqui fue precisamente lo que me llevó a Amelia.

Sólo hay un insulto en esta vida que no puedo soportar. No soy capaz si quiera de escribirlo. Por eso cuando esa noche esa palabra taladró mi oído no pude evitar golpearla contra la barra de aquel bar.

Por suerte no tuve que pagar ninguna multa al dueño, y la policía sólo me obligó a realizar ‘buenas obras’ un mes. Una de esas obras me llevó hasta Amelia. Cuando la conocí, conocí también la soledad.

En cierto modo conocí la vida.

miércoles 12 de noviembre de 2008

La nevera

Ayer se estropeó la nevera. Creo que fue ayer, aunque hace tres días que ese olor ocupaba la cocina como mi compañera ocupaba el sofá. Elle, como se llamaba, no hablaba mucho español y yo odio el inglés, así que los tres meses que convivimos fueron algo surrealista. Por eso cuando falló la nevera y nos pasamos dos horas tratando de adivinar el problema no ayudó mucho que nos comunicásemos con gestos y ok’s.

La vaciamos y fue casi como una catarsis griega. Yogures caducados, un melón tan verde por dentro como por fuera, ciruelas podridas ya… fue como una limpieza interior. Al menos para mí. Ellen miraba y luego colocaba en la mesa sus compras por orden de caducidad.

Sentí que la nevera estaba tan vacía como lo estaba yo.

El congelador no sufrió daños, así que congelamos lo que pudimos y tiramos el resto.
O al menos eso creía yo.

La mañana siguiente encontré la nevera de las mismas cosas de Ellen, las mismas que el día anterior había ordenado en la mesa, y alguna que, recuerdo, había tirado a la basura. El olor era insoportable, había algo podrido allí, pero no sería yo quien buscara dentro de esa mierda.

Recuperé mi viejo diccionario de inglés y busqué las palabras básicas que iba necesitar.
-shit y bitch estaban entre ellas básicamente porque tenía que decirle a esa zorra que sacara esa mierda de mi casa.

Esa noche no vino a dormir.

Dos días más tarde la encontraron muerta en un parque, parece que se había atragantado con un caramelo y se había asfixiado, con tan mala suerte que cayó en un socavón de las obras del metro.

Pobre Ellen. Putos lacasitos.

martes 28 de octubre de 2008

Lacasitos

Hoy me he comprado una bolsita de lacasitos, luego he ido hasta casa y me he pasado casi una hora mirando esos colores que se adivinaban tras el envoltorio.
Ha sido mi compañera de piso quien me ha sacado de ese ensimismamiento en el que estaba. Pensaba en todas esas pastillas que me recetaba el psiquiatra, esas pastillas de colorines que cambiaba por lacasitos cuando mi madre me obligaba a tomármelas. Cuando mi madre estaba demasiado borracha para no notar el cambio pero no lo suficiente como para olvidarse de que tenía una hija.

¿Me das uno?
Ha preguntado mi compañera, le he dado la bolsa y ha comenzado a comerlos como si no hubiese probado un bocado en años. No podía dejar de mirarla, el calor y el sudor de sus manos hacían que casi perdiesen el color y se quedaran blanquecinos. Parecían aspirinas, pero ella se chupaba los dedos con gran énfasis como si pudiese devolverles el color dentro de su boca.

Me ha sorprendido mirándola y me ha ofrecido un par, con un gesto los he rechazado y ella se ha ido a su cuarto a seguir con la ingesta de ansiolíticos, porque de colores o no, de chocolate o de diazepam… no eran más que eso.
Ella no lo sabía. Ella era feliz. Se creía feliz. Pero ¿era feliz?

lunes 22 de septiembre de 2008

Piscis

-Pronto acabará la Era de Piscis, la más caótica, casi podríamos decir que es la Edad Media moderna. Tras ella, vendrá un nuevo renacimiento.

No es que yo entienda de astrología, no tengo ni idea, y sinceramente me importa una mierda. Por eso se me hizo eterno el viaje en autobús con un tipo contándome lo felices que seríamos todos dentro de unas décadas gracias a los niños índigos.

Estaba alucinada pero decidí ser amable, bueno, amable e hipócrita y fingí interés. Me habló de libra, mi signo del zodiaco, y de mis ascendentes Venus y Escorpio.

-Libra es la sensualidad y Escorpio la sexualidad, así que debes de ser alguien muy pasional.

Sentía asco con cada una de sus palabras. El atasco provocado por un accidente no ayudaba en absoluto.

Mi compañero de viaje seguía con sus historias sobre un mundo mejor mientras yo pensaba que un accidente paraliza la vida a todos. Una hora y cincuenta minutos estuvimos parados en esa carretera, pero ¿cuánto tiempo se detuvo la vida de esa madre al saber que había perdido a su marido y su hija en un accidente de tráfico?

miércoles 30 de julio de 2008

Esperar...

Nos pasamos la vida esperando.
Esperamos al autobús, al metro; esperamos conseguir un trabajo, un ascenso, que nos toque la lotería, que nos quieran… Esperamos que nos guste la película, el postre; esperamos al verano, esperamos una carta, una llamada, un mensaje…
En lugar de vida deberíamos llamar espera al tiempo que pasamos aquí.

Hoy he esperado en la parada del autobús 18 minutos, ayer esperé 15. En una semana puedo pasarme en ese frío banco verde casi dos horas esperando. ¿Y para qué espero? Para seguir esperando. No viene el bus y ya está. Una vez dentro espero 25 minutos hasta llegar a mi casa y darme un baño.

Como me baño en vez de ducharme, espero a que se llene la bañera. Y todo esto porque espero que al salir del baño ya den mi serie favorita de los jueves (que llevo esperando toda semana). Al fin y al cabo mi baño no deja de ser una espera encubierta.

Piensa en ahora, en este momento ¿qué estás haciendo? No pienses en que chorrada escribiré luego. Disfruta tu momento. Deja de leer durante cuatro minutos y piensa en lo que sientes entonces, no en lo que sentirás después. ¿Complicado?
¿No te has parado nunca a ver la vida desde fuera?
Yo intento hacerlo a menudo.

Hoy iba andando por la calle y he oído como una señora invitaba a otra a tomar un café. La otra reía diciendo ¡pero si es tu cumpleaños! Ahí me he dado la vuelta y he visto como entre carcajadas comentaban el olvido del cumpleaños. Sin darme cuenta he empezado a reír yo también y no he podido evitar felicitar a la cumpleañera.

Constantemente nos sentimos observados, a veces es bonito pararnos a observar.
A todos nos pasan cosas increíbles, sólo tenemos que ser capaces de verlas.
Sólo que hay a quien le faltan ganas para verlas.